From: Oscar Acevedo Méndez
Sent: Domingo 04
de junio de 2006 8:15
Subject: Les regalo un poema
El
sueño de mi Melita
Me
soñaba yo en un cuento / en el que era mariposa,
que mi casa era de
rosas / y el techo de pensamientos;
ahí bailaba con el viento / en mi
alfombra de claveles
al pie de una montaña lila / coronada de laureles.
En
el sueño figuraba / también un bello corcel,
y yo, enamorada
de él, / en su lomo cabalgaba;
un ruiseñor me silbaba / y entonaba
una canción,
y el sabio búho decía: /"se llena el
tiempo de amor".
El sol me guiñaba un
ojo; / la luna me contemplaba;
una nube me acariciaba / mientras un trébol
deshojo;
y para curar mi antojo / que mi cuerpo me pedía,
gritaba
a los cuatro vientos / rebosando de alegría.
Oí
cantar las sirenas / cuando nació mi zorzal,
y también cuatro
azucenas / de ese amor tan especial.
Sonaron las ocarinas, / las guitarras
y las quenas,
porque cuando mi zorzal trina / se acaban todas las penas.
Mi
zorzal se fabricaba / con sus alas la esperanza,
y acortaba las distancias
/ de la luna que él amaba;
a la montaña emigraba, / y para curar
mi llanto
él feliz me dedicaba / la alegría de su canto.
"Qué
familia tan extraña", / parloteaba un papagayo,
"formada por
un insecto, un ave / cuatro flores y un caballo"
"No hay nada extraño,
y lo sabes", / le respondí muy conforme:
"he visto muertos
cargando adobes / y buitres con uniforme".
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
A
mi corcel abrazaba / como presagiando un final;
de ese sueño tan hermoso
/ tenía que despertar.
Ahí me invadió la pena, / al saber
que no era real
y ver mis cuatro azucenas / solitas..., sin mi zorzal.
Kiko
Nota:
"Melita" es como le digo cariñosamente a mi esposa.
Este escrito
debe de tener muchos errores, ya que no tengo formación literaria, pero
me gustaría que lo corrigieran y lo expusieran en su página.
Mi
hijo -el zorzal en este poema- fue asesinado en Chile por un carabinero borracho.
Era artesano y folklorista; se fabricaba sus propios instrumentos, y era un enamorado
de la montaña y de la luna.
Las azucenas, que son sus cuatro hermanas,
todavía recuerdan a aquel chaval que las hacía reír y les
cantaba cuando eran pequeñitas.
En mayo se han cumplido siete años
de su muerte.
Gracias por tener la paciencia de leer lo que llevo en el
alma.