
María
Eva Duarte de Perón, Jefa Espiritual de la Nación
De: María Luz Brambilla (Lomas de Zamora, Pcia. Bs.As)
Enviado: Lunes 4 de enero de 2010 11:54
Asunto: Envío un cuento
_____________________________________________
Versión corregida (Los cambios están señalados en
color):
Tango
y patria
| Y
yo me hice en tangos, me fui modelando en barro, en miseria, en las amarguras que da la pobreza, . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . y yo me hice en tangos porque... porque el tango es macho, porque el tango es fuerte, tiene olor a vida, tiene gusto... a muerte. "Por qué canto así", de Celedonio Esteban Flores (Versión de Julio Sosa) |
Escucháme,
César, yo no sé por dónde andarás ahora,
pero cómo me gustaría que leyeras esto.
Porque hay
cosas, palabras, que uno lleva mordidas adentro,
y las lleva toda la vida, hasta que una noche uno
siente que debe escribirlas, decírselas a alguien...
Yo sabía cuánto la deseabas, y también
supe cómo de a poco fue muriendo en ella
lo que sentía por vos. Fue a causa del tercero que se metió para
joderlo todo. Lo supe... lo supe desde el comienzo.
Hoy quiero contártelo. Esa chirusa vestida de negro
me espera en la yeca, está ansiosa por llevarme no sé a qué
tugurio impregnado de olor a pucho y ginebra. Y tengo poco tiempo, chabón.
En este miserable cafetín de tango, el que da sobre
la calle Piedras, en la misma mesa en la que estoy sentado,
aquí comenzó todo. Él
la invitó a bailar cabecéandola,
ella aceptó. Linda
papusa vestida de negro y con soguín rojo resaltándole
el cogote. Bailaron un cuatro por cuatro.
"¿Por
qué le pusieron "El choclo"? le
dijo ella.
"No es por
el maíz, pebeta, es por el quilombo.".
A él le gustaban las putas, pero no cualquier puta.
Mirá qué retorcido era, que
buscaba minas bien, pibas de barrio, cuanto más
fresquitas, mejor. Y las hundía hasta la más honda lujuria
buscando satisfacer cada preferencia. Si ellas querían ser reinas, él
las hacía reinas, pero a cambio exigía boleto de pertenencia.
Así fue como un día se le cruzó Estercita,
¡qué pipiola la Estercita! Ya era
reina por sí, por naturaleza, pero el hombre se la chamuyó lindo,
la trabajó de tal modo que ella pensó que sólo sería
reina a su lado, y sin él sólo un
pedazo de bosta.
A las dos semanas ya estaban revolcándose en una amoblada
polvorosa y ruin, con
sábanas usadas y estufa a querosén.
Ella le creyó todo. Pronto le prometió que iba
a ser "su" puta, la mejor que había
tenido nunca. Él le ponía pruebas: la
obligó a teñirse las crenchas de rubio y a pintarse la jeta de
rojo.
Todo placer, hermano, todo placer. Mientras los negros afuera
se reventaban las tripas de hambre y desesperación. Él alcanzó
a escucharlos en medio de un orgasmo. Después la
miró, y descubrió que ella podía ser algo más
que una puta.
Entonces sacó de abajo de la cama su gorra de milico, le levantó
el pelo y se la puso.
Mi Capitana de puta madre
le dijo. Ella sonreía.
Fue poco el tiempo en que pudo pasearla en coches lujosos
y en palcos decorados, para enardecimiento de los
cabecitas. Porque la masa hambruna se desbordaba: la
querían para ellos, sí. "Mi
Capitana" la llamaban.
El chabón se disgustó un día. Ella era
y debía ser para él por siempre.
Entonces la encerró en una habitación,
pero de lujo, che. La peinó con el
pelo amarillo tirante para atrás con un rodete,
y le puso un trajecito sastre achicándole las carnes de la cintura. Ella
sonreía. Ella no
sabía.
Le gustaba que él le pintara la uñas de rojo,
le gustaba usar alhajas. Pero también le gustaba hablarles a los negritos
desde el balcón. ¡Ah, qué gran
error!... Eso no, carajo,
eso no.
Fue así que terminó su obra de arte para él
solo. Le cosió los labios con hilo grueso,
pasándolo entre las encías y la lengua hasta dejarla muda. La
sentó en un sillón de terciopelo y encendió una lámpara
de aceite a su lado. Ella ya no se movió nunca más.
¿Que si así termina la historia,
César? No, hermano,
falta. Pero me tengo que apurar porque esta
mina que me espera vestida de negro me dijo que me tiene un lugar en la Chacarita.
Y después de pedirme que le haga el amor, la muy puta me va a terminar
llevando nomás.
Me queda sólo un minuto. Te tengo que pedir un favor.
Escucháme:
Después de que la Estercita se me quedó muda
para siempre no pude rajarme del asedio de los
cabecitas. La querían, la quieren, no se
la olvidan, carajo. Y yo ya no la puedo esconder
más.
¡Ya viene, ya entra y ya
me lleva...! Por favor,
César, te la dejo a la Estercita sentada en el sillón;
dale una manito de barniz porque ya está muy descangallada la pobre,
aunque mantiene eternos sus treinta y tres pirulos y su sonrisa de Capitana.
También te dejo mi gorra de milico.
Dale todo a los cabecitas, ponéles a la Estercita de
lejos, como si estuviera viva, ponéle en la cabeza mi gorra de milico.
Tal vez así dejen de gritar por su presencia. Tal vez
así yo pueda descansar en paz.
Maria Luz Brambilla
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Versión original:
TANGO
Y PATRIA
|
"Y
yo me hice en tangos
me fui moldeando en barro, en miserias, en las amarguras que da la pobreza. Y yo me hice en tangos Porque... porque el tango es macho porque el tango es fuerte tiene olor a vida tiene gusto a muerte. De "La Cumparsita" por Julio Sosa. |
Escucháme
César, yo no sé por dónde andarás ahora pero cómo
me gustaría que leyeras esto, porque hay cosas, palabras, que uno lleva
mordidas adentro y las lleva toda la vida, hasta que una noche, uno siente que
debe escribirlas, decírselas a alguien...
Yo sabía cuánto la deseabas, y también supe cómo
de a poco, fue muriendo en ella lo que sentía por vos. Fue a causa del
tercero que se metió para joderlo todo, lo supe... lo supe desde el comienzo.
Hoy quiero contártelo. Esa chirusa vestida de negro me espera en la yeca,
está ansiosa por llevarme no sé a qué tugurio impregnado
de olor a pucho y ginebra. Y tengo poco tiempo, chabón.
En este miserable cafetín de tango, el que da sobre la calle Piedras,
en la misma mesa en la que estoy sentado. Aquí comenzó todo. Él
la invitó a bailar cabecéandole, ella aceptó, linda papusa
vestida de negro y con soguín rojo resaltándole el cogote. Bailaron
un cuatro por cuatro.
_"¿Por qué le pusieron el Choclo?- le dijo ella.
_"No es por el maíz, pebeta, es por el quilombo"
A él le gustaban las putas, pero no cualquier puta, mirá qué
retorcido era que buscaba minas bien, pibas de barrio, cuanto más fresquitas
mejor. Y las hundía hasta la más honda lujuria buscando satisfacer
cada preferencia. Si ellas querían ser reinas, él las hacía
reinas, pero a cambio exigía boleto de pertenencia.
Así fue como un día se le cruzó Estercita, qué pipiola
la Estercita. Ya era reina por sí, por naturaleza, pero el hombre se
la chamuyó lindo, la trabajó de tal modo que ella pensó
que sólo sería reina a su lado, sin él, sólo un
pedazo de bosta.
A las dos semanas ya estaban revolcándose en una amoblada polvorosa y
ruin con sábanas usadas y estufa a querosén.
Ella le creyó todo. Pronto le prometió que iba a ser "su"
puta, la mejor que haya tenido nunca. Él le ponía pruebas, la
obligó a teñirse las crenchas de rubio y a pintarse la jeta de
rojo.
Todo placer, hermano, todo placer. Mientras los negros afuera se reventaban
las tripas de hambre y desesperación. Él alcanzó a escucharlos
en medio de un orgasmo. Después la miró y descubrió que
ella podía ser algo más que una puta.
Entonces sacó de abajo de la cama su gorra de milico, le levantó
el pelo y se la puso.
- Mi Capitana de puta madre- le dijo. Ella sonreía.
Fue poco el tiempo en que pudo pasearla en coches lujosos y en palcos decorados
para enardecimiento de los cabecitas. Porque la masa hambruna se desbordaba,
la querían para ellos, sí, "Mi Capitana" la llamaban.
El chabón se disgustó un día. Ella era y debía ser
para él por siempre.
Entonces la encerró en una habitación pero de lujo che. La peinó
con el pelo amarillo tirante para atrás con un rodete y le puso un trajecito
sastre achicándole las carnes de la cintura. Ella sonreía, ella
no sabía.
Le gustaba que él le pintara la uñas de rojo, le gustaba usar
alhajas. Pero también le gustaba hablarles a los negritos desde el balcón.
¡Ah! ¡Qué gran error!...Eso no, carajo, que eso no.
Fue así que terminó su obra de arte para él solo. Le cosió
los labios con hilo grueso pasándolo entre las encías y la lengua
hasta dejarla muda. La sentó en un sillón de terciopelo y encendió
una lámpara de aceite a su lado. Ella ya no se movió nunca más.
¿Que si así termina la historia César?. No, hermano, falta,
pero me tengo que apurar porque esta mina que me espera vestida de negro me
dijo que me tiene un lugar en la Chacarita. Y después de pedirme que
le haga el amor, la muy puta me va a terminar llevando nomás.
Me queda sólo un minuto. Te tengo que pedir un favor, escucháme.
Después de que la Estercita se me quedó muda para siempre, no
pude rajarme del asedio de los cabecitas, la querían, la quieren, no
se la olvidan carajo. Y yo ya no la puedo esconder más.
Ya viene, ya entra y ya me lleva... Por favor, César, te la dejo a la
Estercita sentada en el sillón, dale una manito de barniz porque ya está
muy descangallada la pobre, aunque mantiene eternos sus treinta y tres pirulos
y su sonrisa de Capitana. También te dejo mi gorra de milico.
Dale todo a los cabecitas, ponéles a la Estercita de lejos, como si estuviera
viva, ponéle en la cabeza mi gorra de milico.
Tal vez así dejen de gritar por su presencia. Tal vez así... yo
pueda descansar en paz.
Maria Luz Brambilla
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De: María Luz Brambilla
Enviado: Jueves 25 de febrero de 2010 13:23
Estimado Conrado:
Muchas gracias
por la publicacion. Soy psicóloga y docente, y escribir es mi pasion
desde chica. Gané concursos literarios en la escuela desde los 11 años.
Eso me impulsó a seguir escribiendo. Hice talleres, el último
con Alberto Laiseca. Siempre escribí cuentos cortos y algo de poesía.
Ahora tengo borradores de una novela, y comenzaré un taller de narrativa.
¡Y me gusta el tango!
Gracias otra vez.
Un cariño.
Maria Luz.
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