Recibido el sábado 27 de setiembre de 2003
Seudónimo: Luna (Estado de México, Mexico)
Estimada Luna:
El primer texto que me envía, sobre las impresiones y vivencias que le
sugirió la música, está muy bien escrito,
y revela una sutileza de percepción y una sensibilidad estética -y femenina-
profunda.
El segundo texto, dirigido a Moliêre, no le va en zaga al anterior.
Aún con su tono y su sentido de protesta,
está lleno de dulzura y, como el primero, revela una intuición maternal y femenina
cuya percepción resulta muy agradable.
En una ocasión, con varias amigas, tratamos de escribir lo que una música siniestra
(creo que de la ópera "Fausto") nos inspirara en cuanto a nuestra
necesidad de conocimiento. Es terrorífico, pero
esto es lo que sentí:
Huecos en la tierra, rocas rasgadas, luces que enceguecen, sombras, dolor...
al fondo, a ratos,
placer, placer incomprensible en el llanto, en la soledad. Pero al fin asciendo,
asciendo en un giro vertiginoso que marea. ¿Qué busco ahí?¿Acaso en ESO encontraré
luz, conocimiento? No lo acepta mi mente. ¡Qué desgarramiento en lo oscuro!
Me aterra. No puedo elegir el camino siniestro aunque dentro de mí busque, busque
más; aunque viva inquieta, no me puedo conformar con lo seguro,
pasivo, con lo ya por otros andado. Prefiero luz, armonía, amor. ¡Qué angustia
y dolor hay en el camino opuesto! Realmente, ¿ahí se podría ser feliz? El corazón
me da vueltas.
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Lo que sigue es algo que escribí en 1999, en un momento en que yo luchaba contra
viento y marea
por hacer algo con mi vida y por mí misma, pero las labores propias de esposa,
madre, ama de casa, me tenían como entre sus garras. Esto fue a propósito de
haber leído a Moliere con sus Mujeres sabias:
Juan Bautista Poquelin, en mal momento me encontré contigo. Momento de pensamientos
encontrados, de necesidades guardadas, de anhelos aún no realizados. ¿En qué
momento te
llamaron "El Observador"? ¿Qué observaste en las mujeres de tu tiempo?¿Qué hubieras
observado
en las de hoy? Ciertamente haces reir con tus Mujeres Sabias, prototipo
de la burguesía de aquel entonces, pero, qué dirías de mí si nos encontráramos
ahora? Tu sabiduría masculina, ¿habría encontrado el justo medio, la mezcla
exacta de la mujer de hogar y la mujer que piensa y que sobre eso piensa más?
¿Qué observarías en el alma y el corazón femenino? Tú que te reíste de esas
jóvenes que en su despertar a la vida quisieron elevarse más allá del hilo y
del dedal; tú que te burlaste de su deseo de estudiar, pensar, analizar, que
sólo viste en ellas pedantería, fatuidad y pose. Tú como hombre sabio, dime:
¿Es pedante el ama de casa, madre y esposa que se arma de papel y pluma para
intentar escribir?¿Será absurda la mujer que ama el arte y la ciencia, pero
también sabe amar a un hombre y anhela un hogar, que con sus manos puede peinar
a sus hijos, acariciar al esposo y sostener un libro? ¿Cómo conjugar en una
sola mente y un solo cuerpo, hogar y ciencia, filosofía y familia? ¿Cómo darse
a uno sólo si mi alma también necesita al otro? ¿Cómo amar el arte sin
amar a un hombre? ¿Cómo llenar mi vida de letras y palabras y encontrar vacío
de hijos mi dulce y cálido nido? Sólo te digo, sabio Moliere: conociste mucho
y aprendiste mucho, pero el alma de la mujer te quedó grande. El espacio es
infinito y en él... yo también puedo volar.
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